Cynthia Robledo.

2019

2019. Primeros días de enero. Y yo estoy hecha una mezcla de material astrológico (muy poco conocimiento consciente de astros pero me intereso por leer qué tipo de energía nos dan los planetas y sus tránsitos para tomar determinadas acciones), material emprendedor del que me embebí toda la segunda mitad de 2018 y mi lista de metas y objetivos para este nuevo ciclo calendario.

Estos días me di cuenta que me faltaba un detalle del que no me había percatado, pero que en una charla vía mail con mi amiga Vale noté. Eso que durante muchos años estuvo corriendo atrás mío, cual monstruo en una película de terror. El factor tiempo. No hay ni habrá vencimiento para comenzar a cumplir ese punteo de ideas. La ansiedad que genera correr atrás de un deadline, no la quiero. El camino se irá recorriendo a medida que se vayan dando las cosas. Y las cosas se irán dando a medida que no sienta presión.

Suena sabio, no? Pero me llevó unos cuantos años entenderlo y hacerlo práctica. Mejor dicho, predisponerme a hacerlo práctica. Fluir este año para mi implica soltar el reloj, ser auténtica. Respetarme y no imponerme aquello que se que me va a frenar. Lo importante es saber cuál es mi “norte”. A dónde quiero ir y qué quiero hacer. Y de a poco ir poniendo la energía, la atención, la artillería para ese punto.

¿Por qué estoy acá en el blog? Porque es un espacio que había creado para expresarme y que abandoné, aunque la palabra “abandono” me parece un poco fuerte. Porque me cansé de hablar conmigo en mi cabeza. Porque está bueno volver a encontrarse con la palabra escrita. Recurso que utilicé mucho de adolescente y que retomé cuando me animé a dar mis primeros pasos en el camino de ser freelancer pero que frené cuando el camino me llevó de vuelta a la dependencia.

Me llevó un año de ser independiente nuevamente para volver a este espacio. Pero ya dije, no importa el tiempo, lo importante es ser y hacer. No se cuán seguido vendré por acá. Hoy vi luz y entré. Vi un papel y escribí. Prendí la compu y lo transcribí. Escucharme y hacer. Dejar de buscar la perfección en todo. Más allá de que no exista, porque descubrí que lo perfecto es aburrido.

Reencuentros. Conmigo, con mis ganas de hacer cosas que me gustan, con ese camino que quiero transitar hace rato y no se por qué no lo caminé. Paciencia, reloj y calendario fuera, sonrisas, una autopalmada en el hombro y vamos, vos podés mamu!

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